Supuestos
- La carta de recomendación no tiene formato oficial ni obligación legal. La estructura de aquí es la de uso común: fecha, destinatario, relación y periodo, funciones, cualidades, un ejemplo y el cierre con datos de contacto.
- El patrón sí está obligado a expedir la constancia de servicios del artículo 132 fracción VIII de la LFT, que es un documento distinto.
- El texto se arma con lo que escribes. Conviene leerlo entero antes de imprimir y cambiar lo que no suene a ti.
- Quien recibe la carta puede exigir su propio formato o que llegue directamente del emisor.
- Nada de lo que escribes sale de tu navegador.
Cómo se calcula
- El ejemplo concreto tiene su propio campo porque es lo único que distingue una carta útil de una plantilla.
- El tiempo que conociste a la persona se calcula solo a partir de las fechas y se escribe entre paréntesis.
- Las cualidades se unen en una sola frase, no en una lista con viñetas: una enumeración se lee como formulario.
- Hay un cierre sin elogios para cuando no puedes recomendar del todo pero sí confirmar lo que viste.
Errores frecuentes
- No firmes una carta que no puedas sostener por teléfono. Tu nombre y tu número van en ella.
- Si te niegan la recomendación, pide la constancia de servicios. Esa sí es obligatoria.
- Pregunta el formato a quien la recibe antes de imprimirla.
- Léela completa antes de firmar. El texto se arma con tus datos, pero las palabras deben sonar a ti.
Preguntas frecuentes
¿La empresa está obligada a darme una carta de recomendación?
No. La ley obliga al patrón a expedir una constancia de servicios —el artículo 132 fracción VIII de la Ley Federal del Trabajo lo dice— pero no a elogiar a nadie. La constancia acredita hechos y no se puede negar; la recomendación es una opinión favorable y es voluntaria. Si te la niegan, pide la constancia: eso sí te lo deben.
¿Qué hace que una carta sirva?
Un hecho. Quien la lee ha visto cientos de cartas que dicen «responsable, puntual y proactivo», y esas frases ya no informan de nada. Un párrafo que cuente algo que la persona hizo —qué problema había, qué hizo, cómo terminó— vale más que la lista de adjetivos completa. Por eso el ejemplo concreto tiene aquí su propio campo.
¿Debo poner mi teléfono?
Conviene. Una carta que no se puede verificar pesa poco, y muchos reclutadores llaman. Si no quieres dar tu número personal, pon el de la empresa o un correo institucional.
¿Y si no puedo recomendar del todo a esa persona?
Para eso está la segunda opción de cierre. Confirmar los hechos sin añadir elogios es honesto y sigue siendo útil para quien pidió la carta. Escribir «lo recomiendo ampliamente» sobre alguien de quien no estás convencido te pone en riesgo a ti, porque tu nombre y tu teléfono van en la hoja.
¿Sirve para una visa o para la escuela?
Depende de quién la pida. Consulados y universidades suelen tener su propio formato o exigir que la carta llegue directamente del emisor, a veces en sobre cerrado. Pregunta antes: una carta perfecta en el formato equivocado no sirve.
¿Debe ir en papel membretado?
Si es una recomendación laboral, sí ayuda mucho: el membrete y el sello son lo que la distingue de una carta escrita por cualquiera. Imprime el texto sobre papel de la empresa cuando sea posible.
¿Se envía algo a un servidor?
No. Todo ocurre dentro de tu navegador.